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Una pausa entre plagas e incertidumbres

Columna de Diego Muñoz, escritor, presidente de Letras de Chile e ingeniero y miembro del Tribunal Supremo del Partido por la Dignidad, en Diario U Chile.



Como si no bastaran las siete plagas que a Chile ha acarreado el modelo económico neoliberal, la peste primigenia que ha infectado todos nuestros sistemas, ahora nos cae la pandemia mundial del Corona Virus.


La gran pregunta que surge es cómo podremos superarla, considerando las variables del entorno: desmedrado estado actual del sistema público de salud, descrédito máximo de las autoridades gubernamentales, aguda crisis social, debilitamiento de las instituciones claves del Estado (Congreso, Presidencia, Tribunales, Fiscalía, Carabineros, Ejército, y podemos seguir…), ausencia de una libertad de expresión real -por la concentración de su propiedad en manos de los grande grupos empresariales- y carencia de liderazgos efectivos y creíbles.


Aunque sea justamente en medio de una crisis tan compleja, es imprescindible detenerse a reflexionar, hacer una pausa para recapitular sobre el momento que vivimos, más allá de la dramática coyuntura que nos impone la pandemia, que tenderá a absorber todas nuestras energías y generar inquietud que aleje la conciencia de la ciudadanía de otros aspectos fundamentales.


Si nuestro sistema de salud público tuviera la robustez que alguna vez tuvo, podríamos sentirnos más confiados en su respuesta ante las exigencias que demandará en breve plazo la inevitable expansión del COVID-19. Como sabemos que la política aplicada durante los 30 años previos ha apuntado a su debilitamiento, la preocupación por su fragilidad se torna perturbadora. El descuido del sistema sanitario del Estado ha apuntado al desarrollo de la iniciativa privada, expresada en el lucrativo negocio que impulsan las isapres y clínicas; y esto ocurre incluso a costa de sus limitados recursos cuando no puede hacerse cargo de la demanda ciudadana.


Educados a través de tres décadas -dos generaciones podemos decir- en el culto al individualismo exacerbado, es natural que reaccionemos de las formas previsibles:


-Se pone el foco en la situación individual o familiar: “Nosotros resolvemos nuestra situación, el resto tendrá que ver cómo se las arregla” (lo cual implica amistades, colaboradores, empleados, vecinos y otros.)


-“Yo lavo mis manos diez o cien veces al día, lo que sea preciso, para protegerme de la plaga”, cuando debiéramos hacerlo pensando en proteger a los demás, sobre todo a aquellas personas que tienen asociado un nivel de riesgo más alto.


-“No es para tanto, nosotros tenemos acceso a una salud privada más eficaz: siempre habrá disponible atención médica de urgencia para quienes podemos pagarla (para eso hemos trabajado duro mucho tiempo), o salas de cuidados intensivos, o lo que sea necesario para salvarnos del apocalipsis”.


Y así, todas las variantes imaginables, expresiones diversas del dominio de lo individual por sobre lo relativo a la comunidad en que vivimos insertos. Ese es un gran daño que se ha infligido en nuestra sociedad con la imposición del modelo neoliberal. Pero reflexionando en conjunto con otras personas, actuando con ellas, podremos empezar a generar cambios significativos en nuestro comportamiento.


La enorme tarea que tenemos por delante es construir una Nueva Constitución. Y es esta una oportunidad para que Chile tome un rumbo diferente. Y, siendo pretenciosos, aporte con el señalamiento al mundo de que otro camino es posible-. Este será el primer paso en una senda plena de desafíos que podrá encaminar a nuestra patria hacia un nuevo orden de cosas, donde impere la dignidad en todas sus formas, traducida en derechos concretos: salud, educación, justicia, transparencia, equidad, paridad, respeto, tolerancia.


La Constitución vigente -parida en un régimen dictatorial- fue hecha a medida para favorecer a empresarios y grupos económicos e instalar un régimen de gobierno de apariencia democrática, que se hiciera cargo de mantener la paz social para que el neoliberalismo se propagara por cada intersticio susceptible de convertirse en negocio. Así llegamos al estado actual de imperio del abuso en el ejercicio del poder. Tal es la naturaleza de lo que debemos transformar.


Primero promocionando por todos los medios a nuestro alcance la opción del APRUEBO en el plebiscito, que en las circunstancias actuales debiera considerarse seriamente su postergación. Pero a la vez, tenemos que recordar que es preciso obtener una victoria contundente con la opción de la CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL, la más parecida a la Asamblea Constituyente que se ha venido exigiendo desde hace años. La Convención Constitucional es la única opción para que la nueva Constitución sea elaborada en paridad; asimismo, es la única chance -aunque no lo asegura- de que auténticos independientes lleguen a convertirse en constituyentes portadores de las demandas de los millones de ciudadanos que han expresado clara y activamente sus demandas en las calles desde el estallido del 18 de octubre de 2019.


Estamos ya -como ha ocurrido en otros países- voluntariamente recluidos en nuestras casas para prevenir la expansión mortífera de la plaga, a sabiendas de que nuestra infraestructura de salud pública no será capaz de hacerle frente, y que la poderosa y eficaz salud privada no ofrecerá su apoyo gratuito a la comunidad más desprotegida (ojalá me equivoque en esta adivinación). Aprovechemos esos momentos para informarnos y pensar colectivamente en el futuro que se le ofrece a Chile. No tendremos otra oportunidad, compatriotas. Informémonos, abramos los cauces para escuchar, debatir, proponer y actuar. Es un tiempo para que las grandes mayorías abran un nuevo cauce, aislando los intereses de los grandes empresarios dueños de todo, y de políticos que han estado a su servicio durante estas tres décadas, una indignidad que debemos sepultar en la historia.


Hubo hace treinta años una oportunidad para construir un futuro diferente y la desperdiciamos. Ahora debemos empoderarnos, reflexionar, proponer, construir organización y alentar la vida en sociedad, sobreponernos al imperio del individualismo. Aunque no es fácil, eso podemos hacerlo en cualquier lugar, incluso desde nuestros hogares, si contamos con eficaces y simples formas de comunicación.


Ya pronto estaremos libres de la plaga del Corona Virus y podremos abrazarnos con fraternidad nueva. Y seguir con esta magna tarea que debemos asumir: construir las bases de una nueva democracia, donde la dignidad haya sido convertida en costumbre.

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