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Las sandalias del pescador



Hay los que luchan un día y son buenos, Hay otros que luchan un año y son mejores,

Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.

Bertold Brecht



Seguramente el aventurero escritor Morris West nunca imaginó que el título de uno de sus más conocidos libros, volvería a hacer popular la mítica y enigmática imagen de Pedro el pescador, y por sincronía tuviera el mágico poder de hacernos evocar el rostro del célebre Anthony Quinn. Sin lugar a dudas fueron sus estudios teológicos y su relación con el poder eclesiástico los que le llevaron a hacer uso de esta analogía para definir al protagonista de su novela.


Para las chilenas y chilenos, sin embargo, estas palabras tienen y tendrán un significado que va mucho más allá: para este pueblo que hoy despide a uno de los suyos, las sandalias del pescador nos evocarán eternamente el rostro digno, altivo y consecuente del sacerdote Mariano Puga Concha.


Digno, porque la dignidad no se transa, porque por la dignidad se lucha hasta rendir la vida si fuera necesario, porque renunció a todos los privilegios que su origen aristocrático le tenían reservados para dedicarse a la causa de los más pobres, de los desposeídos.

Altivo, mirando a los ojos a los opresores, enrostrándoles, sus faltas y abusos, protegiendo con su propio cuerpo al desvalido.


Consecuente, habló cada vez que debió hacerlo, con fuerza y claridad, sin eufemismos y sin transar aun en los más duros tiempos de la dictadura, época en que destacó por su constante y ardua defensa de los derechos humanos. Su lucha no cesó en las décadas posteriores porque tampoco cesaron las injusticias y los abusos.


El 27 de mayo de 2019 y en el marco de la conmemoración de sus 60 años de sacerdocio, Mariano Puga, confesó que se acercaba el día de su "encuentro con el Señor" y que para esa fiesta se estaba preparando. Hoy está celebrando y razones tiene para ello.


Hoy es un día feliz para Mariano, pero un día triste para nosotros; ya no lo veremos llegar con su gorro chilote capeando el frío invernal, y con sus eternas sandalias; esas que de seguro adoptó para no olvidar jamás la forma en que los pescadores de almas abren camino, deshacen las distancias y reparten esperanza. Esas que calzó toda su vida no solo para vivir como los pobres, sino para sentir como los pobres.


Mariano, tomando las palabras del Papa Francisco, deja un legado irrenunciable e imprescriptible: "Salgan a la calle y hagan lío para una sociedad más justa, fraterna y compasiva". Porque en Chile, el despertar no tiene que morir nunca más.

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